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ASÍ ES LA BIBLIOTECA NACIONAL

La Biblioteca Nacional del Ecuador guarda en sus estanterías casi todo lo que sobrevivió de una de las más importantes bibliotecas coloniales de toda América del Sur: la del Colegio Máximo de San Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús. Tras la expulsión de los jesuitas, los fondos bibliográficos del Colegio Máximo constituyeron la primera biblioteca pública del país, inaugurada el 25 de mayo de 1792, siendo Don Eugenio Espejo su primer bibliotecario, según testimonio de William B. Stevenson, quien vino a Quito en 1808 como secretario particular del conde Ruiz de Castilla.

La Biblioteca cambió su denominación por la de “Biblioteca Nacional”, a inicios de la República y el primero en utilizarla fue el presidente Vicente Rocafuerte. En su informe a la nación de su gestión en 1838 decía: “Se ha recompuesto y arreglado la Biblioteca Nacional” (Archivo del Congreso. Mensaje e Informes 1839).

En 1859 fue destruida por el terremoto del 22 de marzo, en este mismo año Gabriel García Moreno, mediante decreto incorpora la Biblioteca Nacional a la Universidad Central de la República. En 1862, una vez reconstruido el local, se encargó el cuidado de la Biblioteca a los padres jesuitas que se encontraban nuevamente en la cima de la vida cultural del país, en sus manos la biblioteca se ordenó, se formaron catálogos y se realizaron importantes adquisiciones de libros; en 1868 un nuevo terremoto causaría estragos otra vez.

Los jesuitas se mantuvieron al frente de la Biblioteca Nacional hasta 1876, año en que la entregaron a Leonidas Larrea, el nuevo bibliotecario nombrado por Antonio Borrero.

Por el decreto de 23 de mayo de 1883, se estableció que la biblioteca de la Universidad “{…} queda refundida en la Nacional y sus obras se trasladarán a ésta previo respectivo inventario” (AUC, No. 4, pp. 204-205).
Bajo la dirección de Leonidas Larrea se realizó una separación de los fondos que, no obstante, permanecieron reunidos en el mismo edificio hasta 1903. En este año, la Biblioteca Nacional, bajo la administración de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, pasó a ocupar un departamento en el antiguo Colegio San Gabriel, donde funcionó hasta 1915, fecha en que comenzaron los trabajos de construcción del nuevo edificio de la universidad. Con este nuevo traslado se separaron definitivamente los fondos del Colegio Máximo y de la Universidad de San Gregorio (este último fondo se encuentra hoy en la Biblioteca General de la Universidad Central del Ecuador). Quedó en la Biblioteca Nacional del Ecuador, lo que sobrevivió del fondo del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús de Quito: más de 8000 libros y folletos impresos antes de 1830 (muchos con el lomo pintado en el color particular de su materia, que permite reconocerlos como pertenecientes a la antigua biblioteca de los jesuitas).

El 7 de octubre de 1912 se decreta la incorporación del archivo de la Presidencia de Quito a la Biblioteca Nacional.

Uno de las edificaciones en las que funcionó la Biblioteca fue el ubicado en la plazoleta de la iglesia de la Merced, donde fue la Academia de la Lengua, calle Cuenca entre Mideros y Chile.

En 1917 se da cuenta de la compra de una casa para la Biblioteca en la Calle Mejía No. 74.

En mayo de 1922 el gobierno adquiere el edificio llamado COLISEUM, en la plaza de San Blas, donde funcionó la Biblioteca hasta 1972. Luego pasó a la Sucre y García Moreno, local prestado por el Banco Central.

Hasta 1945 la Biblioteca Nacional dependió del Ministerio de Educación; luego fue adscrita a la Casa de la Cultura en la Ley de su creación. La Casa de la Cultura Ecuatoriana construyó el local actual que fue inaugurado el 3 de junio de 1983 con la asistencia del Presidente de la República Dr. Oswaldo Hurtado. Dicho edificio está situado en la Av. 12 de Octubre 555 y Patria. En este mismo año la Biblioteca dirigida por Laura de Crespo se unió a la Biblioteca Nacional, esto fue en el período del Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Edmundo Ribadeneira, quien denomina a la Sección de Autores Ecuatorianos como Laura de Crespo.

Hombres ilustres han pasado por la dirección de esta biblioteca, empezando por Eugenio Espejo, Enrique Escudero, Mercedes González de Moscoso, Zoila Ugarte de Landívar, Julio Endara, Jorge Icaza, Jorge Carrera Andrade, Ricardo Descalzi. En los últimos años la cofundadora de la Casa de la Cultura Laura de Crespo, Soledad Fernández de Córdova, Carlos Paladines y en la actualidad Katia Flor.